La oposición en el sexenio cardenista (1934-1940). 2. Movimientos de derecha anticomunista, antisemita y nacionalista

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Retomando la serie dedicada a la oposición durante el sexenio cardenista (véase aquí la primera entrega), a continuación enumero los principales movimientos de derecha activos en algún momento de la administración del presidente Lázaro Cárdenas, y subrayo algunas de sus características.

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La dirección que el general Cárdenas dio a su administración presidencial, pronto despertó los recelos y la inconformidad abierta de diversos grupos conservadores, en su mayoría integrados o liderados por hombres y mujeres provenientes de los sectores medios de la sociedad –algunos abiertamente se declaraban clasemedieros, como ocurrió con la llamada Confederación de la Clase Media–, que se organizaron para articular sus demandas y ejercer presión política por medio incluso de la violencia. Algunas de estas organizaciones de derecha tomaron modelos nacionalistas europeos en boga en aquella época, tales como el nacionalsocialismo de Alemania, el fascismo italiano o el nacionalsindicalismo de España, y adoptaron también sus fundamentos esenciales: anticomunismo, antisemitismo y un exacerbado nacionalismo. Fue este el caso de la Acción Revolucionaria Mexicanista, el Comité Pro-Raza y la Confederación de la Clase Media, cuyos miembros se mostraban desconfiados y beligerantes ante personas y modelos que atentaran contra lo que consideraban sus valores vitales.



Camisas Pardas alemanas combatiendo comunistas
(Imagen tomada de aquí)


El comunismo, por ejemplo, su principal enemigo, les parecía promotor de principios deleznables, y a no dudarlo simpatizaron con las declaraciones que Plutarco Elías Calles, el otrora Jefe Máximo, hiciera desde el exilio al que lo condenó Cárdenas:

Yo no estoy de acuerdo con las presentes tendencias comunistas de México […] fui expulsado de México por combatir el comunismo. [Citado en Benitez, 1978, 46]

(Imagen tomada de aquí)

Era ésta, según decían, una doctrina importada que no se ajustaba a las condiciones y valores tradicionales del país: la religión, la libertad, el derecho a la propiedad, a la individualidad y a educar y proteger a la familia. Negar estos principios fundamentales significaba sencillamente negar la patria misma, algo que no les extrañaba proviniendo del pueblo judío, al que consideraban preceptor comunista de la llamada conspiración judeo-bolchevique. En efecto, afirmaban que los judíos, al ser obligados a abandonar su tierra, habían incubado rencores que los llevaron a fraguar la dominación de los pueblos del mundo, poniéndolos premeditadamente en pugna a través de dos modelos creados por ellos mismos: el capitalismo voraz del que disfrutaba una minoría, por una parte, y el comunismo internacionalista que daba la espalda a la patria, por la otra. De acuerdo con sus propias palabras, para el judío

[...] el mejor gobierno es aquel con que sueñan de un monarca universal que pretenden sentar en el trono de David, en Jerusalén, a fin de avasallar el mundo. [Documentos varios del Comité Pro Raza, en Pérez Montfort, 1993, 135]


Estos grupos conservadores veían con preocupación la manera en que los extranjeros comenzaban a invadir algunos espacios reservados para los sectores medios mexicanos. Advirtieron que se adueñaban del comercio en pequeño mediante sistemas de ventas en abonos que consideraban desleales y rapaces, y los tacharon como "biológicamente degenerados".[Gojman de Backal, 2000, 164] Dentro de estas razas “nefastas” se consideraba también a libaneses, árabes, entre otros, y por supuesto a los chinos, objeto desde hacía décadas de campañas nacionalistas como la de 1931, o de los ataques de organizaciones y ligas “antichinas” que culminarían, como el 15 de mayo de 1911, con la muerte de cerca de 300 chinos residentes en Torreón. [(La campaña de 1931 fue aprobada por el Congreso y por la dupla Pascual Ortíz Rubio y Plutarco Elías Calles) Gojman de Backal, 2000, 158; Dambourges, 1974, 233-246]

La expropiación de 16 compañías petroleras extranjeras, con cerca de 18 000 trabajadores mexicanos, mediante leyes que entregaban a estos la administración de las empresas, “se convirtió en un acto nacionalista y patriótico por excelencia, dejando ‘sin armas’ a los críticos del régimen por esa vía”. [Pérez Montfort, 1993, 57] Sin embargo, el furor se iría pronto y entraría nuevamente en juego el temor clasemediero por las amenazas y enemistades extranjeras que estas acciones habían ocasionado. Tanto la “inminencia” del desastre económico que anunciaba la devaluación del peso -que en la semana del 20 al 27 de mayo de 1938 pasó de $3.60 a $6.00 por dólar- [González, 1998, 169], como el provecho que del momento de incertidumbre sacaban los comunistas para afianzar su "dictadura", fueron incentivos para retomar las protestas y el discurso de oposición, caracterizado siempre por un maniqueísmo rígido, como lo demuestra el siguiente enunciado de la Confederación de la Clase Media:

Solo (queda a) nuestros compatriotas escoger entre los dos campos: el nacionalismo, el de la patria cristiana y la Revolución, o el de la traición y la democracia, el comunismo. [“La Revolución y la lucha contra el comunismo", Documentos de la Confederación de la Clase Media, en Pérez Montfort, 1993, 213]

Se tenía que estar con los patriotas o con los “judas”, que bien podían ser extranjeros o mexicanos, como el líder obrero Vicente Lombardo Toledano o el comunista Hernán Laborde.


Lombardo Toledano y Cárdenas
(Imagen tomada de aquí)

En este conjunto de organizaciones podríamos incluir también a la Unión Nacional Sinarquista, si bien lo que más destaca de este movimiento es su notable talante religioso católico, lo que en cierta medida lo emparenta con el Partido Acción Nacional, también fundado durante el sexenio cardenista; aunque, a diferencia del Sinarquismo, el PAN se proponía defender el liberalismo económico. El general Cárdenas también debió enfrentar la oposición de dos miembros destacados del ejército que finalmente serían desplazados de la “familia” de la Revolución hecha gobierno: Saturnino Cedillo, cacique de San Luis Potosí, quien se levantaría en armas arengando a sus fieles seguidores campesinos contra las políticas agrarias del presidente; y la candidatura de oposición de un ex militante del partido oficial para las elecciones presidenciales de 1940, Juan Andrew Almazán, también ex combatiente revolucionario e importante jefe militar durante el cardenismo, vinculado a círculos empresariales que veían con susto la aparente radicalización del partido oficial y del Estado mexicano.

En las próximas entregas de esta serie revisaré una a una las organizaciones arriba mencionadas, sus motivaciones, sus inconformidades, su discurso y las acciones que emprendieron para manifestarse y perseguir sus objetivos. Comenzaré con el Comité Pro Raza.

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Fuentes:

BENÍTEZ, Fernando, Lázaro Cárdenas y la revolución mexicana III. El cardenismo, México, FCE, 1978.

DAMBOURGES, Jacques, “The chinesse massacre in Torreón in 1911”, en Arizona and the West, núm. 16, 1974.

GOJMAN DE BACKAL, Alicia, Camisas, escudos y desfiles militares. Los Dorados y el antisemitismo en México (1934-1940), prólogo por Friedrich Katz, México, FCE/ENEP Acatlán, 2000.

GONZÁLEZ, Luis, Los días del presidente Cárdenas, México, Clío/El Colegio Nacional, 1998.

PÉREZ MONTFORT, Ricardo, “Por la patria y por la raza”. La derecha secular en el sexenio de Lázaro Cárdenas, México, UNAM-FFyL, 1993.