La oposición en el sexenio cardenista (1934-1940). 4. La Acción Revolucionaria Mexicanista: los Camisas Doradas

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La Acción Revolucionaria Mexicanista fue una organización semi-militarizada de choque en la que se conjugaban el antisemitismo, el anticomunismo y el nacionalismo. Se formó a partir de los modelos de encamisados en boga por gran parte del mundo occidental, como los Camisas Pardas de Hitler, Camisas Negras de Mussolini, los Plateados en Estados Unidos, los Azules franceses, Verdes en Brasil, etc., quienes tenían patrones de comportamiento similares. Los Camisas Doradas eran dirigidos por políticos y ex militares desplazados de la élite que se había hecho del poder en el nuevo Estado posrevolucionario; fueron hombres que en el sexenio cardenista vieron con disgusto la desmilitarización del país, la política civilista impulsada por el general Cárdenas que los relegó de la escena social y política.

El líder emblemático de la ARM, quien los llevó al cenit de su actuación en la vida política del país en el género de las luchas callejeras, fue el general Nicolás Rodríguez Carrasco, antiguo villista durante la fase armada de la Revolución y posterior vasconcelista que organizó el Centro Antirreeleccionista Pro-Vasconcelos en Los Angeles, EUA. Roque González Garza y Ovidio Pedrero también fueron afamados Dorados, ambos insatisfechos veteranos de la revolución.

Los miembros de la ARM se reunieron públicamente por primera vez el 12 de julio de 1934 en la Alameda Central de la Ciudad de México. Montaban caballo, portaban macanas y botas, una que otra arma de fuego, pantalón negro y camisa color caqui, en honor a los Dorados de Villa, además de sombrero de palma y un escudo tricolor en el pecho. A partir de entonces emprendieron una campaña al grito de “¡Muerte al comunismo! ¡México para los mexicanos!”, que invitaba de manera violenta, apaleando a comunistas y judíos a la unidad nacional para luchar por la patria que pertenecía exclusivamente a los mexicanos. El "divisionismo" y las pugnas partidistas, afirmaban, sólo favorecían el propósito judío de dividir para vencer y dominar el mundo. En ese sentido, los Camisas Doradas se daba a conocer públicamente con esta palabras:
Los elementos revolucionarios de los que muchos venimos luchando desde 1906 para crear una patria mejor, hemos acordado unirnos [por] la salvación de nuestra nacionalidad […] ahora, los que antaño formamos en las filas de “istas” tan variados, nos llamamos simple y sencillamente: MEXICANISTAS.
No por coincidencia el auge de los Dorados se dio en 1935, año en que el movimiento obrero creció y las huelgas fueron constantes, lo que dio a la ARM mucho material para desarrollar su más destacada actividad: el rompimiento de huelgas y  la represión de mítines de trabajadores y grupos izquierdistas. Fue también recurrente en ellos la extorsión hacia la comunidad judía, a la que exigían “aportaciones” para su organización a cambio de "seguridad" para sus negocios.

Entre los anales de la ARM existen diversos sucesos accidentados, como el enfrentamiento del 20 de noviembre de 1935 en el Zócalo, durante el desfile de aniversario de la Revolución, con la Confederación Unitaria Mexicana, el Comité de Defensa Proletaria y miembros del Sindicato de Trabajadores del Volante; o el del 2 de Agosto de 1936 en Guadalajara contra los resquicios de los Camisas Rojas de Tomás Garrido Canabal quien para entonces estaba ya fuera del país. Sonado fue también el choque del 2 de marzo de 1935, cuando los Dorados, encabezados por Roque Gonzalez Garza, atacaron el recién inaugurado local del Partido Comunista en la calle de Cuba 67, hiriendo a algunos dirigentes del Frente Estudiantil Revolucionario. [Sosa Elízaga, 2000, 60]










Los Camisas Doradas esperaban convertirse en brazo armado del gobierno de Lázaro Cárdenas, una tradición que venía desde los "Bravi" de Porfirio Díaz e incluía a la "Porra" de Gustavo A. Madero y a la "Palanca" de Plutarco Elías Calles y Luis Napoleón Morones. No obstante, Cárdenas se distanció pronto del estilo callista de gobernar, de modo que arremetió contra la ARM declarándola fuera de la ley tras los sucesos del 20 de Noviembre de 1935 en el Zócalo, y más tarde expulsando del país a Nicolás Rodríguez, su líder, quien, sin embargo, desde el exilio continuó como activista y coordinador de los Dorados. Rodríguez estableció su cuartel general en Mission, Texas, y desde ahí envió a México diversos llamados a la rebelión y a ejecutar un golpe de Estado contra el gobierno del “comunista” Cárdenas.

Uno de esos comunicados, “Cárdenas, causa de la ruina” (1938), se dirigía al pueblo para hacerle ver que “mientras un pequeño sector de obreros petroleros pretende mejorarse […] la gran masa del pueblo mexicano se sume en la miseria”. Consciente de que no eran pocos los militares que, como él, habían sido excluidos del poder, Rodríguez se dirigía también a ellos: "tú también estas de rodillas y te haces acreedor del desprecio de la nación, si continúas en la situación humillante en que te han colocado”. Finalizaba con un llamado a difundir su mensaje: “cobarde y traidor será el que teniendo la oportunidad de reproducir o hacer circular esta hoja no lo haga”. [Pérez Montfort, 1993, apud. Archivo Secretaría de Relaciones Exteriores, III-334-29]

Existen diversas versiones sobre si la ARM recibió apoyo financiero de conocidos detractores de Cárdenas como la COPARMEX, el gobernador de Chihuahua, Salvador Terrazas, o el “cacique rebelde” Saturnino Cedillo. También se especulaba sobre si formaba parte de una red de encamisados regados por el mundo y orquestados desde Berlín. Nada de eso se comprobó, y lo único cierto fue que a finales del sexenio era ya prácticamente nula la influencia política y social que tenían los Dorados; sobre todo a raíz de la muerte de Nicolás Rodríguez en Reynosa, Tamaulipas, a quien el gobierno había concedido regresar al país por considerar que no era más un sujeto de cuidado.

Sus compañeros Dorados vieron posibilidades más sólidas de participar en la toma de decisiones desde el poder apoyando a Juan Andrew Almazán, empresario y militar revolucionario disidente que se lanzó como candidato opositor a la Presidencia de la República para el periodo 1940-46 por el Partido Revolucionario de Unificación Nacional. Al parecer el movimiento de los Camisas Doradas se extinguiría junto con las posibilidades de Almazán de llegar a la anhelada silla.

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Fuentes:

GOJMAN DE BACKAL, Alicia, Camisas, escudos y desfiles militares. Los Dorados y el antisemitismo en México (1934-1940), prólogo de Friedrich Katz, México, Fondo de Cultura Económica/UNAM- ENEP Acatlán, 2000, 566 p.

PÉREZ MONTFORT, Ricardo, “Por la patria y por la raza”. La derecha secular en el sexenio de Lázaro Cárdenas, México, UNAM-Facultad de Filosofía y Letras, 1993, 228 p.

SOSA ELÍZAGA, Raquel, Los códigos ocultos del cardenismo, México, UNAM/Plaza y Valdés Editores, 1996, 579 p.,

VON MERTZ, B., RADKAN, V., SPENSER D., PÉREZ MONTFORT, R., Los empresarios alemanes, el tercer Reich y la oposición de derecha a Cárdenas, II t., México, Secretaría de Educación Pública/ CIESAS, 1988, II, 390 p.

La oposición en el sexenio cardenista (1934-1940). 3. El Comité Pro Raza del Distrito Federal.

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El Comité Pro Raza del Distrito Federal (CPRDF) fue un organismo dependiente de la Unión Internacional Hispano y Latinoamericana Pro Raza. Esta última era la matriz de una serie de instancias regionales que se manejaban bajo los mismos estatutos, pero adaptándolos a las variantes que ofrecía la sede en que se establecían los Comités

La Unión Pro Raza, fundada en 1930 por el mexicano Antonio C. Díaz, bajo el lema “Por la vida y la gloria de la América española”, procuraba fomentar las virtudes y cualidades de cada una de las naciones de lo que llamaba el continente hispanoamericano, orientando sus acciones hacia el engrandecimiento material y espiritual de dichas entidades. Los miembros de la Unión actuaban contra las intervenciones francas o encubiertas y la labor absorbente de cualquier país extraño, aunque enaltecían a
...la noble colonia española, quien aún continúa elaborando la nueva raza hispanoamericana y la actual civilización de la América española ["Sus fines", Documentos de la Unión Pro Raza, en Pérez Montfort, 1993, 106]
Se sentían los orgullosos herederos de la tradición hispana en América y pretendían divulgarla al interior y al exterior, además de promover ligas contra el alcohol y otras sustancias “degeneradoras de la raza”; algo que, por cierto, también sería impulsado por el gobierno de Lázaro Cárdenas. Los comités en cada país de Hispanoamérica se dedicarían a defender su tradición nacional, principalmente los valores morales de la vida social y familiar. Cada una de estas dependencias pondría en todo lo alto la bandera de su nación, pero añadiendo por el reverso el lema de la Unión, y tendrían a bien festejar el 12 de octubre, además de la conmemoración de la independencia del país de origen.

El Comité Pro Raza del Distrito Federal fue constituido en septiembre de 1933 bajo el lema “Por la patria y por la raza”, y parece que en su mejor época llegó a tener no más de 30 miembros activos [Pérez Montfort, 1993, 74], quienes, de acuerdo con la percepción que los sectores medios de la sociedad tenían de las condiciones nacionales, condenaban el hecho de que las riquezas de la nación y la industria se encontraran en manos de “extranjeros indeseables”, reflejo de que no existía una verdadera independencia económica en México. Su noción de una independencia económica consistía en “una política económica que favorezca de preferencia a los nativos” [“Consideraciones fundamentales”, Documentos del CPRDF, en Pérez Montfort, 1993, 111]. Levantaron la voz ante la “presión sofocante de la pequeña industria impulsada por extranjeros poco deseables y financiada a base del hambre y explotación de nuestros obreros” [Ibid.], aunque por supuesto en ningún momento pretendieron abanderar la emancipación de las clases trabajadoras explotadas por el capital. Se trataba más bien de señalar al extranjero que usufructuaba con las riquezas mexicanas sin encauzarlas al engrandecimiento de la nación, en un claro ejemplo de la “labor absorbente” que condenaban. En ese sentido, eran bastante específicos en cuanto a sus defendidos: el labrador, sastre, zapatero, ebanista, comerciante ambulante, alfarero, tejedor, jarciero, fotógrafo, platero, músico, las “pobres” lavanderas y los servidores que incluso habían perdido su fuente de ingresos por la desleal competencia que para los puestos más humildes ofrecían, por ejemplo, los chinos. Se trataba de la clase media que veía peligrar su supervivencia, primero, y después sus aspiraciones de progreso material. Por ello, en sus publicaciones el CPRDF sentenciaba:
Si ayudas a las fábricas […] identificadas con el sentir nacional […] contribuyes a la vida y prosperidad de tu patria. Si ayudas a los trusts extranjeros, traicionas a tu nación y vendes a tu propio país [Documentos varios del CPRDF, en Pérez Montfort, 1993, 132]
Los llamados “Águilas Rojas de Anáhuac” consideraban peligrosos los intentos por “asimilar completamente o tratar de imponer en nuestro medio lleno de inquietudes, doctrinas de origen y procedencia extranjera, como el comunismo y otras” [“Consideraciones…”, Documentos del CPRDF, en Pérez Montfort, 1993, 115]. Su trabajo más importante fue la Campaña de Salud Social Nacionalista (CSSN), en la que promovieron una economía proteccionista para reactivar algunos capitales mexicanos que suponían estáticos por las prácticas reprochables de las “mafias secretas” y los trusts de los extranjeros “indeseables”. Impulsaron también una la labor de convencimiento para que “nuestras mujeres” evitaran unirse en matrimonio o amasiato con las “razas degeneradas”, así como que se aplicara de inmediato un “examen médico de todos los extranjeros residentes en el país en forma minuciosa y enérgica”, y se castigara a los nativos que favorecieran directa o indirectamente los negocios sucios de “indeseables” foráneos. A estos, además, se les debía restringir completamente el ingreso al país “mientras prevalezca la crisis económica actual” y el desempleo [“Programa de acción”, Documentos del CPRDF, en Pérez Montfort, 1993, 118-119].

El CPRDF incluyó en el programa de la CSSN el urgente “establecimiento de un mayor número de escuelas técnicas” para el perfeccionamiento de “nuestros obreros”, así como
...la inmediata nacionalización de las industrias del país, tomando en cuenta que en estos momentos ya nuestros trabajadores son suficientemente aptos para administrar y dirigir con acierto cualquier empresa” [Documentos del CPRDF, en Pérez Montfort, 1993, 117 y 121]
Ambas “sugerencias” serían atendidas con la creación del Instituto Politécnico Nacional en 1937 y con la posterior campaña de nacionalización de empresas extranjeras, respectivamente. Es muy probable que estas acciones del gobierno de Cárdenas quitaran razón de ser al CPRDF, ante lo cual sus miembros se vieron obligados a entrar en contacto y ser parcialmente absorbidos por la Confederación de la Clase Media, quizás la oposición más sólida hasta la aparición del Sinarquismo. Así, los “Águilas Rojas de Anáhuac” cambiarían su actitud “propositiva” y su tibia crítica al comunismo, por un virulento ataque a la amenaza judeo-bolchevique.

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Fuentes:

- PÉREZ MONTFORT, Ricardo, “Por la patria y por la raza”. La derecha secular en el sexenio de Lázaro Cárdenas, México, UNAM-FFyL, 1993.