La oposición en el sexenio cardenista (1934-1940). 6. El Sinarquismo y el Partido Acción Nacional

A pesar de que en 1936 el presidente Cárdenas impulsó leyes de apertura religiosa –con lo cual mermó la segunda Cristiada, que había estallado ante el advenimiento del “delfín” de Calles– y erradicó las acciones violentas del verdugo de católicos, Tomás Garrido Canabal, en la segunda mitad de su sexenio surgieron dos movimientos organizados de oposición con fundamentos cristianos que los llevarían a construir un discurso basado en la “salvación” de México en todos sentidos: el Sinarquismo y el Partido Acción Nacional. Ambos continuaban en la idea de luchar “contra un régimen que volvía a las andadas jacobinas del tiempo de Calles” [González, 1998, 245], luego de reglamentado el artículo tercero constitucional.

Salvador Abascal
En mayo de 1937 nació la Unión Nacional Sinarquista (UNS) en León, Guanajuato, la llamada “Sinarcópolis”, de entre los combatientes cristeros que conformaron la Liga Nacional de Defensa de la Libertad Religiosa, organismo político que en 1926 había tomado las armas y que tras las negociaciones Estado-Iglesia sería abandonado por esta última, sumergiendo así al movimiento de los alzados “en nombre de Cristo Rey” en la clandestinidad. El Sinarquismo surgió con notable fuerza organizativa de masas, jamás como partido político, buscando el reconocimiento de su libertad religiosa y promover  cambios sociales en contra de las iniciativas del presidente “ateo” que impulsaba la educación socialista.

En sus inicios la UNS fue encabezada por José Trueba y Manuel Zermeño, aunque quien la llevó a su apogeo, entre 1940 y 1941, fue Salvador Abascal. En cualquier caso, eran lideres miembros de la clase media rural y urbana de la región centro del país: abogados, comerciantes, profesores o jueces que dirigían a una masa campesina que sentía injuriada su fe religiosa, específicamente jornaleros que en su mayoría no obtuvieron beneficio alguno de la Reforma Agraria sino que, por el contrario, fueron perjudicados por la burocracia en el reparto ejidal. Entre sus filas también hubo desempleados, pobres y jóvenes de la clase media urbana. El Sinarquismo hizo mucho eco en el ejército, pues bajo un discurso de unidad nacional “por el bien de la patria”,  convenció y conmovió a diversos sectores que se oponían a las ideologías que, en su opinión, amenazaban al país, como el comunismo o el fascismo. [Meyer, 2003, presenta un buen número de interesantes fotografías, entre ellas algunas que muestran a militares participando en actos públicos de la UNS]

El Sinarquismo se definía como lo contrario a la anarquía, como aquello con autoridad, poder y, sobre todo, orden. Exaltaba el sacrificio, las acciones pacíficas, la pobreza y el ascetismo. Sus líderes se preciaban de encabezar un movimiento popular ajeno a todo tipo de lujos. Encarnación del nacionalismo a ultranza, los sinarquistas decían que la salvación de México no se encontraba en el extranjero, sino dependía del orden y la unión nacional que encontraba su base social en la institución familiar. Para ellos, México tenía una historia y una identidad, y no requería de ideologías internacionalistas. Rechazaban también la política, “trampa enmarañada y sucia” contra la que promovieron la abstención para las elecciones presidenciales de 1940; y se pronunciaban contra cualquier división ideológica  -izquierdas y  derechas-,  que  no  fuera  la  de  mexicanos y anti-mexicanos.  Pretendían además que México rompiera relaciones con los protestantes de Estados Unidos, quienes supuestamente tenían el objetivo de “descatolizar” al país; y defendían a los que más adelante se conocerían por “chicanos”, víctimas de racismo en la Unión Americana. Sin embargo, buscaban siempre mantener sus acciones dentro del estado de derecho, pues creían en las normas jurídicas y dentro de su contrarrevolución afirmaban que “un ataque, pues, a la Revolución no constituye nunca un ataque al gobierno”. [Meyer, 2003, 59, apud. El Sinarquista, 28 de agosto de 1941]

Se decían perseguidos y violentados, lo cual, aseguraban, “obedece al deseo que tienen nuestros enemigos de que nos cansemos y respondamos con el argumento de las armas para poder aniquilarnos. A nosotros nos toca guardar toda la serenidad” [Meyer, 2003, 53]. Eso no les impedía enaltecer el amor y la eterna admiración hacia los mártires que morían por la fe en la salvación de su patria: “esta lucha no puede fracasar […] la sangre y el sufrimiento nos darán la victoria […] un movimiento predestinado a salvar a México” ["Las diez normas de conducta para los sinarquistas", en Meyer, 2003, 144]. Veían en México el baluarte de la hispanidad en América, por eso su apoyo declarado al franquismo no lo veían como dirigido al extranjero, porque se sentían herederos del hispanismo y del catolicismo traído por los españoles al Nuevo Mundo.

Se trataba de un movimiento que favorecía un orden social cristiano. Rechazaba toda doctrina ajena a la ley de Dios porque para ellos representaba división entre los hijos del creador. Se declaraban antisocialistas, antinazis, críticos del liberalismo capitalista y de los “infieles” norteamericanos. El caso de su condena al nacional socialismo alemán es peculiar, pues lo consideraban “heredero de la revolución protestante de Lutero”, al tiempo que declaraban su simpatía por Franco, restaurador de la tradición católica y de la hispanidad.  [Meyer, 2003, 24]

El sinarquismo es lucha contra lo que divide. ¡Soy sinarquista! ¡Viva nuestra bandera! ¡Viva México! ¡Más nos vale Juan Diego que todos los Juárez de nuestra historia! (El Sinarquista, periódico del Unión Nacional Sinarquista)


Los días de la Bandera eran jornadas de grandes desfiles y manifestaciones de la UNS, pues para sus miembros era el símbolo patrio por antonomasia, que además representaba sus principales ideales: Religión, Unión e Independencia. Defendían la propiedad y pugnaba por que “cada familia mexicana llegue a poseer, en propiedad, un pedazo del suelo nacional”.

Manuel Gómez Morín
Dos años después de fundada la UNS, en septiembre de 1939 nació el Partido Acción Nacional por iniciativa del ex director de la Facultad de Derecho y reformista fiscal, Manuel Gómez Morín, y de Efraín González Luna, notable abogado católico. El PAN anhelaba un modelo liberal en que el Estado no interviniera sino como simple vigilante del fluir político, social y sobre todo económico del país. Desde aquí se encuentran discrepancias con la visión que había construido Cárdenas, con el presidente como única fuerza política con la capacidad para intervenir en cualquier asunto. Condenaron su mandato como un gobierno populista y de tendencias “rojas”, en el que “ni se han acabado los monopolios que fijan los precios, ni se ha logrado contener el alza de éstos, ni se han elevado de verdad los salarios con aumento del poder de adquisición”. [Arriola, 1994, 24, apud. Manuel Gómez Morín, La nación y el régimen, México, Biblioteca de Acción Nacional, (s.f.), p. 41]

Acción Nacional se pronunciaba contra el desorden, la injusticia y la lucha de clases, y a favor de un Estado que garantizara el  bien común y la seguridad, así como el pleno desenvolvimiento de la iniciativa privada orientada al interés nacional, normas morales bajo las que debía actuar todo empresario. Reconocía la separación entre Iglesia y Estado, lo que provocó cierto distanciamiento de otros movimientos políticos de derecha como el Sinarquismo, al que tampoco le agradaba la defensa del liberalismo económico por parte del nuevo partido político [Arriola, 1994, 22]. El PAN y la UNS, sin embargo, coincidieron en los fundamentos cristianos que les daban identidad; para unos y otros, la “salvación de México” –en lenguaje sinarquista– no se encontraba en el exterior sino en la reflexión interior de cada mexicano, que como buen cristiano lo conduciría al amor por su prójimo en aras del bien común. Encontraron también puntos en común en cuanto a la unidad nacional como condición para el progreso del país, y en su condena de la educación socialista como una “dictadura ideológica” que atentaba contra el derecho natural de los padres para elegir el tipo de educación que recibían sus hijos.

Para finales de los años 30, la UNS contaba con 60 mártires y cerca de 360,000 militantes; pero, en una franca tendencia de crecimiento, en 1943 llegaría a los 560,000, 1,000 en el Distrito Federal y 3,000 en Estados Unidos [Meyer, 2003, 61-64, apud. Registro general de contingentes de la UNS, abril de 1943]. Sin embargo, en un horizonte histórico en que el poder en México, a partir de 1940, se alejaría de prácticas izquierdistas con Manuel Ávila Camacho, la UNS, más que oposición significó un instrumento de control pacífico para las masas campesinas y la inconformidad de los no beneficiados por el cardenismo. El PAN, por su parte, se sostendría como oposición durante décadas en un sistema político electoral ciertamente hostil, pero en el que obtendría cada vez mayores espacios a finales del siglo XX y principios del XXI.


*NOTA: Actualmente existe un movimiento llamado Sinarquista que parece ser derivación directa de la UNS de los años 30: Blog Oficial del Movimiento Nacional Sinarquista. Me pregunto si hoy en día tiene algún vínculo con el PAN en estados como Jalisco y Guanajuato.

Fuentes:

ARRIOLA, Carlos, Ensayos sobre el PAN, México, Miguel Angel Porrua, 1994, 349 p.

GONZÁLEZ, Luis, Los días del presidente Cárdenas, México, Clío/El Colegio Nacional, 1998, 312 p.

MEYER, Jean, El sinarquismo, el cardenismo y la Iglesia, 2ª ed., México, TusQuets, 2003, 307 p.

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