Clíotuiteo: la historia en 140 caracteres. Desencanto político y caudillismo histórico en México

Desde que estoy en Twitter, hace año y medio, me han interesado las concepciones que de la historia tienen los usuarios de la red, saber de qué fuentes las extraen y si esas nociones tienen relación con la manera en que se sitúan ante el presente.

Ya antes Víctor Martínez (@vicmartinez), historiador y tuitero, ha reflexionado sobre “Twitter y la historia”, con un recuento de los usuarios (personajes históricos, instituciones, historiadores) que en mayor o menor medida comparten tweets de contenido histórico. Destaca, desde luego, la cuenta del grupo virtual H-México (@H_MEXICO) que desde hace años ha reunido a profesionales, estudiantes y aficionados de la historia con la difusión de noticias sobre la disciplina. Contribuyendo un poco con el repaso de Víctor, los usuarios activos que he identificado como estudiantes o profesionales de la historia, pero que no necesariamente tuitean historia todo el tiempo (¡y qué bueno!), son, además del mismo @vicmartínez: @BerthaHistoria, @karlamotte, @clionautica, @PumaRosh, @nawalli, @Rebepushkin, @Eliseirena, @MusicaVirreinal, @kalipolis, @historiador, @trementyna, @9vidas, @arr1910, @harktos. Hay también algunas otras cuentas de espacios virtuales o instituciones de perfil histórico: @BDMEX, @bullymagnets, @HistoryLA, @rhistoricos, @elravignani, @bvmcervantez, @AHAhistorians, @lahistorioteca, @HistoriaNG, @LBHobsbawm, @inehrm, @Museodehistoria, @inah_mx.

Ahora bien, en “Twitter y la historia” Víctor pone especial atención en un fenómeno ciertamente curioso y por demás interesante: el de las cuentas de personajes históricos, como @MaxHabsburgo, @DonBnitoJuarez, @Benito_JuarezG, @JosefaOrtiz011, @LaLenguadeDante, @Nico_Maquiavelo, @DonSantaAnna_, @AgustinIdMexico, y muchos otros que seguramente andan por ahí. Queda pendiente una revisión más amplia y de conjunto del discurso histórico de estos tuiteros, y de su posible impacto. Por ahora me interesa detenerme en uno solo de ellos: la cuenta de @DonPorfirioDiaz destaca no sólo por el gran número de “fologüers” que tiene (casi 24, 000 cuando esto escribo) sino por las reacciones que en ellos genera. Los tweets del administrador de la cuenta han hallado extensión, más allá de los 140 caracteres, en un blog que creó hace un par de meses, El Blog de Don Porfirio, cuyos textos versan sobre los contrastes entre el México del porfiriato y el de principios del siglo XXI, con ocasionales referencias al régimen priísta y a lo que éste hizo con la figura de Diaz en el relato histórico oficial que predominó durante la mayor parte del siglo XX.

El administrador de @DonPorfirioDiaz ha admitido ser un “historiador de closet”, lo que ciertamente no le impide tener buenas nociones de lo que fue el porfiriato. Sin duda se ha documentado y tiene habilidades narrativas, virtudes que también lo hacen destacar de entre la mayor parte de los personajes históricos en Twitter. Además, es absolutamente loable su objetivo –que ha hecho explícito en repetidas ocasiones– de estimular entre sus “fologüers” la preocupación por la historia y, añado yo, el pensamiento crítico que de ello puede derivar. Me ha gustado mucho su post “Las Comunicaciones Modernas”, donde nuevamente recurre al contraste entre épocas para hacer ver a sus lectores las ventajas tecnológicas con que hoy contamos y de las que evidentemente carecían a finales del XIX; aunque también recomienda no olvidar que hay vida fuera de Facebook, “que existen perros más allá de las fotos, y mucho que leer más allá de Twitter”. En suma, me parece que @DonPorfirioDiaz cumple con éxito el objetivo de fomentar entre los tuiteros el interés por la historia de México, lo cual, visto llanamente, es positivo.

No obstante, hay algunos pasajes de su discurso que me llaman mucho la atención, y me preocupan un poco por lo que en sí mismos contienen y por la reacción que a veces suscitan entre sus lectores. Ambos fenómenos –discurso de @DonPorfirioDiaz y respuestas de sus “fologüers”– ilustran muy bien la forma en que –según conocida sentencia de Benedetto Croce– los “requerimientos prácticos” que subyacen a cada aproximación al pasado “dan a toda la historia el carácter de ‘historia contemporánea’”. En efecto, en los dos casos están presentes las preocupaciones que derivan de una situación tan lamentable como la que hoy padece México. En el caso del personaje histórico en cuestión, es recurrente en su retórica el contraste desorden e inseguridad actuales/“orden y progreso” porfiriano:


La pax porfiriana –dice el tuitero– ha sido la época más pacífica de nuestro país (ni hablar del gobierno de Santa Anna, Juárez o Felipe Calderón), y requirió un engranaje bien aceitado para que funcionara.

Es verdad que @DonPorfirioDiaz no deja de señalar los aspectos negativos de “su” régimen, pero parece que al final el mensaje es siempre el mismo: 

…la Pax Porfiriana consistió en que pudiera imponer a mis candidatos en esos estados, lo que terminó con luchas y rebeliones. Yo sé que, en cuestiones democráticas, lo que hice estuvo mal, pero fue por una buena causa. En el positivismo, ideología con la cual goberné, se necesita orden para tener progreso…
…Claro, no quiero decir [que] mi sistema era perfecto. Ahora veo como errores lo que en su momento pensé como aciertos. Mantener la paz me obligó a atropellar derechos humanos… siempre por el bien común, y el del progreso […] De cualquier forma, en mi gobierno hubo paz, hubo orden y la gente vivía contenta y se convirtió en unos de los grandes logros de mi gobierno. ¡Ah, cómo me gustaría que volviera para traer paz a esta pobre patria mía!

Este último elemento, la nostalgia por el “hombre fuerte” que, a diferencia de los gobernantes actuales, sería capaz de poner orden en el país, también suele aparecer en su discurso:
  
…entendí que mi México no había tenido un momento de paz en todo el siglo [XIX]. ¿Qué podía hacer? ¿Estaba en mis manos tratar de pacificar al país por el bien del pueblo?

Ignoro si el administrador de la cuenta pretende efectivamente fomentar esa nostalgia, que llamaré caudillista, entre sus lectores. No es sencillo determinar cuándo está adoptando la personalidad que supuestamente tuvo Díaz y, en consecuencia, hablando como el oaxaqueño lo haría –exaltación de su propia figura, hostilidad hacia Zapata, Madero y la revolución en general, incredulidad ante la “tolerancia” de nuestros tiempos, etc.–, y cuándo el usuario está más bien transmitiendo deliberadamente su propio pensamiento. Lo cierto es que @DonPorfirioDiaz recibe respuestas como estas:



El primer mensaje, de evidente desencanto ante el circo de las elecciones para gobernador en el Estado de México, remite precisamente al post "La Pax Porfiriana" del Blog de Don Porfirio, del que provienen las citas anteriores y en el que su administrador señala, como ya vimos, que buena parte del orden durante "su" régimen estaba garantizado por la imposición de gobernadores.

En el caso del segundo mensaje, el Hashtag que lo acompaña, #queregresedonPorfirio, y que la tarde del pasado 29 de julio dio pie a un alud de tweets pidiendo la vuelta del  “héroe del 2 de abril”, no fue creación de @DonPorfirioDiaz, o por lo menos no parece ser él quien lo impulsó. Quien se destacó por ello fue Juan M. Zunzunegui (@JMZunzu), uno de tantos escritores que lucran con la “desmitificación” de la historia de México, y que aquella tarde atrajo la atención de muchos tuiteros con sus críticas a los ignorantes que creían en el Díaz pintado por la SEP y por el México Bárbaro de John Kenneth Turner. Zunzunegui, por el contrario, destacó las virtudes de don Porfirio, mismas que lo hacían el “creador del México moderno destruido por la revolución” y, al parecer, el hombre ideal para resolver el desastre de país que actualmente tenemos:



  

Al margen de que @JMZunzu aprovechó el éxito de #queregresedonPorfirio para promocionar sus libros y seminarios de “desmitificación” (como lo relato AQUÍ), interesa el carácter de las respuestas que desencadenó.

Hubo las de los francos detractores, que criticaban a los nostálgicos con argumentos como el autoritarismo y la explotación en tiempos de don Porfirio:

 

No faltó quien incluso aludió negativamente al impacto que tenía la cuenta de @DonPorfirioDiaz en todo este fenómeno:


Como tampoco podían faltar los que sencillamente aprovechaban para... digamos, enviar otro tipo de mensajes:

Nota: la cuenta @Iaura_bozzo es parodia de la conductora de TV


No obstante, hubo muchos otros que adoptaron cierto sesgo nostálgico semejante al de @DonPorfirioDiaz y @JMZunzu.




 


El tono ciertamente jocoso que el lector pudiera encontrar en algunos de estos tweets, me parece, es lo de menos. Lo revelador es que en el fondo expresan un genuino malestar ante una clase política enfrascada todo el tiempo en pugnas inter e intrapartidistas, que se han significado como muros infranqueables para que el país se mueva. Sin duda, es el lamentable espectáculo cotidiano de los políticos mexicanos lo que ocasiona ese malestar, y no los tweets de @DonPorfirioDiaz o de @JMZunzu. Ambos, en todo caso, son parte de ese sector de la sociedad que muchas veces ya no sabe ni para dónde hacerse.

Sin embargo, preocupa que, en un país que parece atrapado entre los “peligros para México” y “la mafia en el poder”, la gente sugiera como alternativa -y aquí sí, habría que ver en qué medida lo hacen como eco de un discurso como el de los dos tuiteros referidos- a un “hombre fuerte”, cuyo referente es don Porfirio (o Lázaro Cárdenas, o Emiliano Zapata...), que dé al país orden y progreso.

Preocupa porque pareciera que los 100 últimos años han sido irrelevantes; que las luchas –con todos sus defectos– de numerosas mujeres y hombres sin partido, por incidir efectivamente en las decisiones de gobierno que afectan a todos, de nada han servido; que, contra lo que muchos pensamos, no es hora aún –y quién sabe si algún día lo será– de que la sociedad civil asuma su responsabilidad política y, entre muchas otras cosas, erradique para siempre las pretensiones caudillistas de no pocos personajes con o sin partido (¿recuerdan a Dr. Simi?). Pareciera, en fin, que el caudillismo, ese fantasma que durante casi doscientos años ha recorrido México, tiene todavía para rato...

3 comentarios:

Karlyle dijo...

uy! Re interesante lo del clíotuiteo. Desde que entré al Tuita me puse a seguir algunos apócrifos (ya hasta hice mi lista), y creo, como tú, que algunos son más hábiles que otros para recrear lo que el personaje opinaría de estos tiempos, y sin aburrir a sus fologüers con peororatas academicoides. Pero tienes razón en apuntar que por más hilarante o inocente que parezca su actividad tuiteril, difunden una idea del pasado, lo que ya trae per se alguna alusión política. No conocía el blog de @DonPorfirioDiaz, lo leeré ahora desde el tamiz croceano :)

Un abrazo, y gracias por la mention!

MaxHabsburgo dijo...

Sin duda, el "clíotuiteo" nos permite reflexionar a todos aquellos que pretendemos o de algún modo estamos involucrados con el "oficio de historiar". Si existen autores como Catón, Villalpando, y hasta el mismo Zunzunegui que se valen de tintes amarillistas a través de las llamadas "mentiras" de la historia de México para atraer lectores (y lo entrecomillo porque creo la historia oficial decimonónica que aún se enseña en las escuelas tenía un motivo identitario y nacionalista), me parece que el adoptar virtual e hipotéticamente a un personaje histórico es otro medio de acercar la historia al lector común.
En palabras de Darnton: "Al igual que el viejo marinero, [los historiadores] hemos hablado con los muertos, pero nos cuesta trabajo hacernos escuchar entre los vivos."

OZ dijo...

Coincido plenamente con don @MaxHabsburgo en la validez y utilidad de los personajes históricos en Twitter como alternativa de mucho potencial para la difusión de la historia. Me inquieta solamente la tensión en que parecen estar los administradores de cuentas “históricas”, entre hablar lo más apegado posible a como lo harían sus personajes, con los valores y las ideas de sus épocas, o bien, hacerlo desde los valores y las ideas que predominan en nuestra propia época. Como bien señala Karlyle, la representación que del pasado hacen con sus tweets tiene siempre una lectura contemporánea y, casi siempre, política. No le creería ni tantito a un Porfirio, a un Maximiliano o a un Hidalgo hablando de las bondades de la democracia y de la necesaria participación política de la sociedad civil. Ahí el personaje histórico fallaría en rigor. Pero, a fuerza de ser riguroso, ¿cómo medir el impacto político de su discurso entre los follogüers, siendo que pueden llegar a convertirse, hasta cierto punto, en líderes de opinión? A juzgar por los tweets que recibe @DonPorfirioDiaz (y quizá también Ud., don @MaxHabsburgo; desde este momento lo sigo), en la gente hay nostalgia por los grandes personajes que, a diferencia de los politiquillos de hoy, sí hacían cosas. Pero los tiempos actuales, según yo, ya no son para dejar todo en manos de algún “gran personaje” que, a semejanza de los de antes, sí haga algo por el país. ¿Cómo resolver ese dilema?

Saludos y gracias a ambos por los comentarios.